Este año el inicio de la primavera llega con olor a incienso y a las flores de los pasos procesionales. Pero, ¿por qué se celebra tan pronto la Semana Santa?
La Semana Santa es un tiempo
litúrgico que cambia según el año. No ocurre lo mismo con otras fiestas
cristianas como la Navidad, que se celebra siempre el 25 diciembre.
Desde el I Concilio Ecuménico de
Nicea en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna
llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo). Al
principio se tenía en cuenta que no coincidiera con la celebración de la Pascua
Judía, pero con el paso del tiempo en Occidente se fue perdiendo esa costumbre.
Así pues el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ambos inclusive. Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5.700.000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de abril, si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de abril.
Es la Semana Santa…
Es la semana más intensa
del Año Litúrgico, en la cual se reza y reflexiona sobre la Pasión y Muerte de
Cristo.
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.
Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.
A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.
Para un católico, vivir la Semana Santa, es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.
Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.
A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.
Para un católico, vivir la Semana Santa, es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.
Los días principales de La Semana
Santa…
El Domingo de Ramos:
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.
El Jueves Santo:
Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.
El Viernes Santo:
Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.
Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.
El Sábado Santo o Sábado de Gloria:
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos.
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos.
Por la noche se lleva a
cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere
decir “la tarde y noche anteriores a una fiesta.”.
En esta celebración se
acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de
Cristo, la gran fiesta de los católicos.
El Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua:
Es el día más importante y más alegre para
todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la
vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar
al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la
muerte a la vida.
En Filipinas, país católico evangelizado desde el siglo XVI en adelante, en los
Vía Crucis algunas personas se crucifican en forma voluntaria, en forma de
manda. Ellos tienen una fe un tanto radical, arraigada en sus costumbres. Para
nosotros es incomprensible, pero obedece a su cultura y sus propias prácticas
religiosas ancestrales, que forman una especie de sincretismo, o fusión entre la cultura y la religión.
En Sevilla, la Semana Santa se vive de forma absolutamente barroca.
En Sevilla, la Semana Santa se vive de forma absolutamente barroca.
Con
procesiones monumentales, que no tienen ninguna comparación al resto del mundo
cristiano en general.
El recuerdo de esta fecha se hace con
sacrificio, con procesiones que duran entre ocho y diez horas. Por ejemplo, “El
cachorro” que es una imagen de Cristo muy famosa del siglo XVII, es paseado
toda la noche y es cargado por 40 personas que se van rotando, ya que pesa
cientos de kilos, y miles de personas lo siguen.
El conejito de pascua
El conejito de pascua
Sin embargo, durante ese mismo día, otra tradición ajena a la religiosidad
ha existido desde tiempos imprecisos: un conejo de pascua que esconde huevitos
de chocolate para los niños. En un sentido estricto, estas dos actividades no
tendrían relación alguna, pero de todos modos son realizadas juntas, y la una
está tan arraigada en nuestras costumbres como la otra.
Lo de los huevecitos de pascua es una tradición germánica, de Europa del Norte.
Lo de los huevecitos de pascua es una tradición germánica, de Europa del Norte.
Posiblemente de la época medieval, pero no se tiene precisión. Lo más probable
es que el origen no sea cristiano, pero se extendió en la sociedad así como el
viejecito pascuero, y ahora se usa con fines comerciales.
No, no
estoy en contra de los huevos de pascua, ya que representan una fiesta
familiar. La resurrección es una fiesta, y qué mejor que celebrarla con un
juego donde la familia completa participa.
Puede ser positivo mientras no se
pierda el sentido, donde Cristo tiene que ser el centro.
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